Con la fe de una noche sin puertas: fragmentos de Historial de Marta Agudo Ramírez




Historial (Ediciones Calambur, 2017)


La enfermedad es el lado nocturno de la vida, una ciudadanía
más cara. A todos, al nacer, nos otorgan una doble ciudadanía,
la del reino de los sanos y la del reino de los enfermos.
Y aunque preferimos usar el pasaporte bueno, tarde o temprano
cada uno de nosotros se ve obligado a identificarse, al
menos por un tiempo, como ciudadano de aquel otro lugar.

Susan Sontag, La enfermedad y sus metáforas



… Mientras, el tiempo busca en los directorios a quién llama
esta vez.



El hospital que recluta con una herida en la faringe.

.     .«Polígono de experiencias», homenaje al tempus fugit,
.      . patera hacia la hipótesis de un después mejor.

El hospital: monumento a la segunda oportunidad.

«Sólo a los terminales —me repito— se les llenan de arena
.    .  los pulmones. Sólo a los terminales».

Reseca y última desnudez.






.                .               . CUATRO TIEMPOS


.                     .              I

Se derramaba la vida por los lados y enjambre de delfines
.    .  sorprendidos.


Pensaron que era el mar y su aridez los tomó por sorpresa.
.   .   Los pentágonos (nadie los había avisado) no son
.   .   habitaciones confortables, excepto para tres abejas que
.   .   recorren con su lengua el ansia de lo dulce. Altivez
.   .   geométrica.


Pensaron que era el mar, tanta ola incendiada. Los
.   .   pentágonos no hacían el entorno más habitable y
.   .   nadaron por superficies blancas de aquella espuma
 .   .  anfitriona.

Pensaron que era el mar, pero dónde la marea y su sintaxis.
.   .   Avance o matadero. El celibato del crimen se impuso a
.   .   la evidencia y la paradoja a la luz de las luciérnagas.
.   .   Con todo, uno de ellos se adelantó. Pensó que era el mar o
.   .   el engaño infantil de quien nunca cae enfermo. Creía
.   .   haber visto crustáceos en los márgenes. Epicentro de
.   .   volcanes sin cráter, ardor de moléculas reticuladas.
.   .   Surcó los saladeros, pero oxígeno expatriado. Adelantó
.   .   algunas leguas y ni el más perspicaz de los observadores
.   .   lo habría visto pararse.


Creyó que era el mar y su bandera sin barras ni yugos. Lo
.   .   confundieron con un hombre y fue poca la sangre
.   .   vertida. La sal absorbe las huellas y al cabo de unos
.   .   minutos todo quedaba igual. Arrecife de la devastación
.   .   o peñasco con hueso reciente.

Se derramaba la vida por los lados…


.                .                     .  II

En qué se distingue un pájaro del nido, el gris de otro gris
.   .   que al ser más vertical carece de trastornos.

Aprobó entonces el cielo que, sin cláusulas ni condiciones,
.   .   pudiera emerger hacia abajo su autonomía. 

Se derramaba la vida por los lados y en medio de la
.   .   hecatombe nació un río de arena. Arenario hecho
.   .   carne, vidrio perplejo. Todo se mezcla cuando se
.   .   intuye la catástrofe. El planeta descifra sus códigos
.   .   y el ADN del viento se jacta de ser sin ser; llanto
.   .   invisible.

Acércate y escucha cómo se mueve la tierra.

Se derramaba la vida por los lados y fue allí y entonces donde
.   .   creció, sin más motivo que la sucesión de otra cruzada,
.   .   un árbol, el canon de lo vegetal, la organización
.   .   anónima de lo idéntico.

¿Lo idéntico? No hay biografía igual a otra. Abre bien los
.   .   ojos y verás qué derroche de púas contrarias, qué
.   .   sarampión de grises el invierno.

Se derramaba la vida por los lados y cinco meteoritos
.   .   festejaron al llegar la mañana el ímpetu irreverente de
.   .   la espina, el recelo hecho estrategia.





.                       .              . III

La manera de fabricar espacios íntimos narra el curso de la
.   .   historia. No fue el verde o la densidad del pleistoceno.
.   .   Antes de que el presente concluyera ya existía este
.   .   paisaje de franjas.

Ni el sol se atrevía a consagrarlo y sólo la luna aceptó, con
.   .   el ímpetu de sus articulaciones, el reto de alentar
.   .   crecientes mareas de sal.

Se derramaba la vida por los lados y sólo montañas, aunque
.   .   alguno dijo que al fondo podía escucharse la memoria
.   .   de dos mares gemelos. Las olas que no rompen se
.   .   enquistan en la orilla o el subconsciente azul de todos
.   .   los ahogados.

Dólmenes, monolitos, círculos donde hablar con la tierra de
.   .   tú a tú.

No hay emisarios suficientes para tanta angustia erigida. Las
.   .   piedras enardecen a los hombres, que hacen con ellas
.   .   cabañas o escudos a partes iguales. La intersección del
.   .   «contra» y el «con», las vicisitudes del miedo. El círculo
.   .   serena horizontes pues en la curva se pierde cuanto la
.   .   recta tiene de lanza.

Se derramaba la vida por los lados, pero dios nunca llegó.
.   .   Ellos siguieron construyendo, con la fe de una noche
.   .   sin puertas, círculos o entradas a ninguna parte,
.   .   accesos pétreos a lo subconsciente, letanías minerales,
.   .   superficies acaso de un cerebro incendiado.

Tanto himno ¿para qué? ¿Para quién tanto ofrecimiento? No
.   .   importaba el destino sino obrar. La nieve imaginada
.   .   por tantas manos frías. Las arañas dejaron de tejer sus
.   .   fastuosas telas porque nadie se ahorcaría allí. Pero era
.   .   importante estar, permanecer en guardia ante un cielo
.   .   sorprendido por no tener mensaje alguno.

¿Quizá era una broma, el sarcasmo de lo trascendente vestido
.   .   de niñería? Da igual. La elipsis o la clave perenne de
.   .   todas las cerraduras.


.                     .                   .IV

La incomunicación, el sigilo del tiempo o la sordina de la
.   .   experiencia. El nadie o la clave de todas las cerraduras.
.   .   Pero la vida se derramaba por los lados y no se
.   .   supo nunca por cuántas leyes de Newton o círculos
.   .   de Galileo se dirimió que el hombre observaría su
.   .   alrededor, por cuántos pronósticos de Kepler admitió
.   .   que habría de morir, por cuántos barrotes salados el
.   .   renacer anónimo de tanta vitalidad…


Diálogo con la serie fotográfica «Altas soledades»
de Cano Erhardt





Marta Agudo Ramírez (Madrid, 1971) es doctora en Filología Hispánica con una tesis acerca de los géneros del poema en prosa y el fragmento en la literatura española del siglo XIX. Ha publicado los libros de poemas Fragmento (Celya, 2004), 28010 (Calambur, 2011) e Historial (Calambur, 2017). Coeditó la antología Campo abierto. Antología del poema en prosa en España (1990-2005) (DVD, 2005) y coordinó con Jordi Doce el volumen Pájaros raíces. En torno a José Ángel Valente (Abada, 2010). Entre 2004 y 2008 fue directora de la colección de poesía y pintura “El Lotófago”, de la Galería Luis Burgos (Madrid). Es la encargada de la edición de la novela póstuma de Ana María Navales El final de una pasión (Bartleby, 2010), así como de una selección de los artículos de esta última sobre literatura hispanoamericana (Calambur, 2008)
.
En 2010 publicó su estudio sobre la estancia de Valente en Madrid (Valente vital, Universidade de Santiago de Compostela) y en 2014 vio la luz su traducción del catalán al castellano del poemario Tot és ara i res de Joan Vinyoli.

Su obra ha sido incluida, entre otras, en las antologías: Poesía Pasión (ed. de Eduardo Moga), Palabras sobre palabras. 13 poetas jóvenes de España (ed. de Julio Espinosa), 12 + 1. Una antología de poetas madrileñ@s actuales (ed. de Alberto Infante) y recientemente en Sombras si-versas. Diecisiete poetas españolas actuales (1970-1991), Madrid, Vaso Roto, 2017, ed. de Amalia Iglesias.   

Una luz que se apaga en la boca: dos poemas de Georg Trakl




Las estrellas difunden una blanca tristeza
Llena en lo gris de iluso tintineo su flaqueza,
se dispersan horribles confusamente…”



Elis, cuando el mirlo en el negro bosque llama,
es tu declinar. 

Tus labios beben el frescor de la fuente azul de las rocas.
Deja si tu frente sangra suave
antiguas leyendas
y el oscuro sentido del vuelo de las aves.

Pero tú entras con tiernos pasos en la noche
que cuelga cargada de uvas purpúreas,
y más bellos mueves los brazos en el azul.

Un espino suena
donde están tus ojos lunares.
Oh, hace tanto tiempo, Elis, que has muerto.

Tu cuerpo es un jacinto
en el que el monje hunde los céreos dedos.
Una negra gruta es nuestro silencio

de la que sale a veces un manso animal
y deja caer lentos los pesados párpados.
Sobre tus sienes gotea negro rocío,

el último oro de estrellas declinantes.

Georg Trakl, Al niño Elis

An den Knaben Elis
.
Elis, wenn die Amsel im schwarzen Wald ruft, / Dieses ist dein Untergang. / Deine Lippen trinken die Kühle des blauen Felsenquells. // Laß, wenn deine Stirne leise blutet / Uralte Legenden / Und dunkle Deutung des Vogelflugs. // Du aber gehst mit weichen Schritten in die Nacht, / Die voll purpurner Trauben hängt / Und du regst die Arme schöner im Blau. // Ein Dornenbusch tönt, / Wo deine mondenen Augen sind. / O, wie lange bist, Elis, du verstorben. // Dein Leib ist eine Hyazinthe, / In die ein Mönch die wächsernen Finger taucht. / Eine schwarze Höhle ist unser Schweigen, // Daraus bisweilen ein sanftes Tier tritt / Und langsam die schweren Lider senkt. / Auf deine Schläfen tropft schwarzer Tau, // Das letzte Gold verfallener Sterne. //






Hay un campo de rastrojos, cae en él la lluvia negra.
Hay un árbol castaño que está solo.
Hay un viento que silba alrededor de la choza vacía.
Qué triste es esta tarde.

Delante de la granja
la dulce huérfana aún recoge las escasas espigas.
Sus ojos muy abiertos y dorados pacen en el crepúsculo
y su seno aguarda al novio de los cielos.

De regreso al hogar
los pastores toparon con el dulce cuerpo
podrido en la zarza.

Soy una sombra, lejos de poblados oscuros.
De Dios bebí el silencio
en la fuente del bosque.

Un metal frío aparece en mi frente.
Mi corazón lo buscan las arañas.
Hay una luz que se apaga en mi boca.

De noche me encontré en un matorral,
erizado de escoria y de polvo de estrellas.
En las avellanas
sonaron de nuevo ángeles cristalinos.

De Profundis

[de Poemas, 1913]



Es ist ein Stoppelfeld, in das ein schwarzer Regen fällt.

Es ist ein brauner Baum, der einsam dasteht
Es ist ein Zischelwind, der leere Hütten umkreist.
Wie traurig dieser Abend.

Am Weiler vorbei
Sammelt die sanfte Waise noch spärliche Ähren ein.
Ihre Augen weiden rund und goldig in der Dämmerung
Und ihr Schoß harrt des himmlischen Bräutigams.

Bei der Heimkehr
Fanden die Hirten den süßen Leib
Verwest im Dornenbusch.

Ein Schatten bin ich ferne finsteren Dörfern.
Gottes Schweigen
Trank ich aus dem Brunnen des Hains.

Auf meine Stirne tritt kaltes Metall
Spinnen suchen mein Herz.
Es ist ein Licht, das in meinem Mund erlöscht.


Nachts fand ich mich auf einer Heide,
Starrend von Unrat und Staub der Sterne.
Im Haselgebüsch
Klangen wieder kristallne Engel.





Georg Trakl nació el 3 de febrero de 1887, en Salzburgo, Austria.
Fue uno de los poetas iniciadores de las vanguardias y el expresionismo literario.
Está considerado el continuador y sucesor de Friedrich Hölderlin, asimilando y modernizando su estilo, siempre dentro de la estética expresionista, aunque también su poesía estuvo influenciada por Novalis Arthur Rimbaud.
Inició una vida bohemia al entrar a formar parte del círculo poético Apollo, en 1904, a pesar de lo que logró concluir sus estudios medios, tras lo que inició en la Universidad de Viena la carrera de farmacia, diplomándose en 1910.
En 1914 fue llamado a filas para luchar en la Primera Guerra Mundial como oficial médico; durante la batalla de Grodek tuvo que asistir sin medicinas a noventa heridos graves, hecho que agravó su depresión crónica, sobreviniéndole una grave crisis nerviosa, que provocó un primer intento de suicidio, por el que fue ingresado en 1914 en un manicomio de Cracovia; allí escrbiría uno de sus poemas más conocidos, “Grodeck”.
Se suicidó el 3 de noviembre de 1914 con una sobredosis de cocaína. Su amigo Von Ficker lo describió así:

Siempre se le hacía difícil arreglárselas con el mundo exterior, al tiempo que iba ahondándose cada vez más en el manantial de su creación poética… Bebedor y drogadicto empedernido, jamás le abandonaba su porte noble, de un temple espiritual fuera de lo común; no hay hombre que haya podido verle jamás tambalearse siquiera, o ponerse impertinente cuando bebía, si bien, a horas avanzadas de la noche, su forma de hablar, por lo demás tan delicada y como rondando siempre un mutismo inefable, se endurecía a menudo con el vino de una manera peculiar y, entonces, podía aguzarse en una malicia relampagueante. Pero, por debajo, solía sufrir él más que aquéllos sobre cuyas cabezas descargaba como un rayo la daga de sus palabras en el corro enmudecido, pues en tales momentos parecía de una veracidad tal que le partiera auténticamente el corazón. Por lo demás era un hombre callado, ensimismado, pero en modo alguno reservado; al contrario, sabía entenderse bondadoso y humano como el que más con gente sencilla y franca de cualquier clase social, de la más alta a la más baja, con que tuvieran el corazón “en su sitio”, en particular con los niños. Bienes apenas le quedaban, tener libros siempre le pareció superfluo, y acabó “liquidando” por lo que le dieran todo su Dostoievski, al que veneraba fervientemente… Entonces estalló la guerra, y Trakl tuvo que ir al frente en su antiguo puesto de farmacéutico militar con un hospital volante. A Galitzia. Al principio aquello pareció romper el hielo y arrancarle a su pesadumbre. Pero luego, tras la retirada de Grodeck, recibí desde el hospital de plaza de Cracovia, adonde se le había llevado para observación por su estado psíquico, un par de cartas suyas que sonaban como llamadas de socorro de su alma.
Igualmente su hermana Gretlse suicidó en 1917.
A partir de 1953 se concede en Austria el Premio Georg Trakl de Literatura.


El espejo del alma de María Negroni


Como el alma que canta por sí misma
en su limpia casa de cristal

Hermann Broch

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Tuve que viajar a Nevada para verte. Una gran planicie rodeaba la casa donde me esperabas con una túnica blanca, más alta que de costumbre.
Presentí que la casa existía en la memoria, cosa que confirmaste atravesando con tu brazo el hielo que suplantaba ahora a las paredes. Acostumbrada a esconderme en las palabras, quise darte una carta. Esa carta hablaba de las diferencias del río: lo que fue, lo que es, lo que será. Pero vos eras el río y la imagen del río, visto desde la altura (quiero decir, la furia misma). Me miraste, morada de ternura, bajo el color inconstante de la niebla. Terminé por tratar de pinchar la carta a tu plumaje pero te negaste, afable, como quien aprecia el esfuerzo de simular lo imposible. El pico tembló ligeramente. Me dejaste a merced de la felicidad, contemplándote, ahora que eras un enorme pájaro blanco.

[El espejo del alma de María Negroni]


María Negroni es una escritora, poeta, ensayista, novelista, traductora argentina. Obtuvo su doctorado por la Universidad de Columbia, con un PhD en literatura latinoamericana. Desarrolla actividades académicas en la Sarah Lawrence College.

https://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Negroni

La cabaña de Dylan Thomas y un poema en su voz


La pelota que arrojé cuando jugaba en el parque
aún no ha tocado el suelo.

The ball I threw while playing in the park
has not yet reached the ground.



En el año 1949 el poeta Dylan Thomas se traslada a "The Boat House", su nueva casa en la costa galesa, aprovechando un viejo garaje como estudio. Allí escribió el resto de su obra, incluyendo la popular radionovela de la BBCUnder Milk Wood.




Entre ellas, reproducciones y recortes de revista de Lord Byron, Walt Whitman, Louis McNeice, W.H. Auden, William Blake, una pintura de Modigliani,  listas de rimas, palabras y aliteraciones, como buen artesano de la lengua en su taller.
      
Dylan's Writing Shed in the town of Laugharne, the birthplace of the poet, Wales.


El viejo garaje reconvertido en casita de escritura tenía un pequeño escritorio contra una ventana, así como una modesta librería. Dibujos, pinturas y fotografías decoraban desordenadamente las paredes








   


Should lanterns shine

Should lanterns shine, the holy face,
Caught in an octagon of unaccustomed light,
Would wither up, an any boy of love
Look twice before he fell from grace.
The features in their private dark
Are formed of flesh, but let the false day come
And from her lips the faded pigments fall,
The mummy cloths expose an ancient breast.
I have been told to reason by the heart,
But heart, like head, leads helplessly;
I have been told to reason by the pulse,
And, when it quickens, alter the actions’ pace
Till field and roof lie level and the same
So fast I move defying time, the quiet gentleman
Whose beard wags in Egyptian wind.
I have heard many years of telling,
And many years should see some change.

The ball I threw while playing in the park
Has not yet reached the ground.



Si los faroles brillaran

Si los faroles brillaran, el rostro santo se marchitaría
preso en un octógono de insólita luz,
y todos los muchachos del amor
se cuidarían de perder la gracia.
Los rasgos de sus íntimas tinieblas
están hechos de carne, pero que venga el falso día
y que los labios de ella pierdan sus ajados colores,
que el traje de la momia muestre un antiguo pecho.
Me han dicho que piense con el corazón
pero el corazón, como el cerebro, conduce al desamparo;
me han dicho que piense con el latido,
que cambie el ritmo de la acción cuando el latido se acelere
hasta que en un plano se confundan el campo y los tejados
tan rápido me muevo por desafiar al tiempo, el caballero quieto
cuya barba se agita en el viento de Egipto.
He oído el contar de muchos años
y muchos años tendrían que atestiguar un cambio.

La pelota que arrojé cuando jugaba en el parque
aún no ha tocado el suelo.


Dylan Thomas

Algunos fragmentos de "La luz y los cerdos" de Pablo Blanco





Toda sociedad tiene sus puntos débiles,
sus llagas.
Meted el dedo en la llaga
y apretad bien fuerte 

Michael Houellebecq



"Desde su título, no obstante, La luz y los cerdos avisa de esta tensión o descarga eléctrica como condición de escucha, de lectura. Y no tarda mucho en cumplir su amenaza. Sintagmas por ejemplo como “cerdos de luz” o “la carroña resplandece”, entre otros semejantes, ayudan a ir minando la jerarquía de valores sobre la que se establece la convencional ecuación entre luz, claridad y orden. Los ecos de esta convención resuenan aún en otros sintagmas como “El Rey Sol”, “La Ciudad de la Luz” o en aquella sacralización de la luz exaltada por el estado confesional absoluto de la dinastía de los Austrias, en cuyos dominios “no se ponía el sol”. Así que un blanco que se revuelve contra su blancura no parece una mala noticia. De hecho, desde su fase áurea en los siglos XVI-XVII hasta la actualidad, es como si ese proyecto o modelo de “estado confesional absoluto” hubiera llegado a realizarse como norma de vida, como si se hubiera somatizado a través de las aceleraciones del capitalismo simbólico, la sociedad del espectáculo y el exhibicionismo como forma de vida. Así al menos parece por momentos demostrarse en el boom de ciertas poéticas del confesionalismo para todos los públicos. La compulsión en boga de la poesía como selfie es ya un síntoma de una soledad que, en lugar de politizarse como espacio abierto, se acoraza como imagen que se afirma a sí misma. También Pasolini lo había intuido ya en su momento: “La soledad; hay que ser muy fuertes / para amar la soledad”.

Cuando en cambio se escribe desde “la raíz de la sombra”, desde ese ahí agujereado, se tambalea este orden deslumbrante de valores que dota de autoridad ciega a la realidad establecida. Como se insinúa por doquier a lo largo y ancho de este poemario de Pablo Blanco, como el movimiento de un hilván oscuro, la realidad es entonces denunciada al tratarla a modo de trampa, de “ardid que se cubre con reflejos”, de juego de espejos que ocultan en sus destellos su verdad de miseria, de violencia y crueldad. Señalar ese lado siniestro de la realidad y del lenguaje que la normaliza se convierte así en una labor hostil, desesperada, que no halaga la vista ni endulza el oído, que no busca el aplauso del reconocimiento o el seguimiento porque descree de las bases sobre las que se han levantado los discursos vociferantes del reconocer y del seguir.

A este poemario incoherente de Pablo Blanco le subyace así una especie de grieta que crece, que se expande sin rumbo fijo, impulsada por la fuerza de la ruptura con lo esperado. Todo el libro podría estar funcionando como una máquina de producción de fisuras, de esquizias, que ponen en peligro de desgarro el cuerpo desprevenido de quien se asome o se acerque. En su interior, “todo es grieta”. De hecho, ni siquiera es seguro que pueda hablarse sin más aquí de un interior o un exterior (como si los poemas estuvieran aparte del mundo), sino que más bien la sensación es la de entrar sin transición en el poema como espacio de frontera, como entre o interfaz desde la que los secretos del dolor y del amor se comparten con el paso cambiado, con la boca seca"

Fragmento del Prólogo de Antonio Méndez Rubio
La luz y los cerdos (Editorial Enkuadres, 2017)





Horizonte


No se acuerda.

Por construir mañanas
se ha olvidado.

Va con el amor en la solapa.

El perfume de la sangre es
un dios mudo,
una bandera que se rompe
en su garganta.

No se acuerda.

La memoria es de treinta mil flores


que ni se venden ni se pudren.




Karmamundi
  

Su sombra es el fuego,
un telar de misiles,
un dibujo
de niños pixelados.

Su hombro es la tierra
y su sangre la miseria que surge y se enrolla
como si fuera una alfombra
del cielo prometido.

Alguien canta

y las piedras del camino
se esconden

para renacer muertas.




Padre cielo que estás en los cerdos

  
Restos vulnerables
de tus palabras muertas,

caducadas,
inviolables,

de tu herida que se ensancha
en mi cuerpo y ríe sin consuelo.

Ya no es mía
la verdad
que me vendiste.


La noche
es una venda
que  ya no oculta tus disfraces.


No hay más luz
que la que me he inventado.



Tango
  
Cada dos por cuatro
la genética del alma
es doble
y helicoidal.

Saber no sirve de nada
y los glóbulos deciden
de qué venas
beber.

Un redondel infinito
amanece tras la mirada,

un torrente agrio
y cenital.

Cada dos por cuatro

            el tiempo baila
           
sin medias
            ni red.





Pablo Blanco (Mar del Plata, Argentina. 1976) Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires y ha estado ligado siempre al mundo del periodismo, los medios de comunicación y la gestión y producción de eventos y medios culturales. 

En cuanto a su producción literaria, si bien es extensa tanto en poesía como en narrativa, hace muy poco tiempo que se ha dispuesto a la publicación de sus obras. El pasado 7 de junio presentó en Valencia su segundo libro de poesía: “La luz y los cerdos” (Editorial Enkuadres), después de haber presentado en 2016 “La sed de las estatuas” para la bella y singular colección “Poética y peatonal”.


"El bosque de serbal"de Teresa Garbí traducido al italiano por Luna Sanfratello



 


"Il bosco dei sorbi"  (2015, Aracne Editrice) es la versión italiana de "El bosque de serbal" (2001, DVD Ediciones) de Teresa Garbí impecablemente realizada por la traductora Luna SanfratelloEl libro se compone de relatos que recorren distintas estancias de la existencia humana a través de situaciones vitales  - amor, vejez, inocencia o injusticia-  por las que todos atravesamos. 

Haber escogido al serbal como imagen-fuerza del libro es un gran acierto: estos árboles parecen encarnar la pulsión de vida en su devenir estacional, llegando en el otoño a ser llamaradas vivientes en el monte. Últimos rescoldos que se resisten a apagarse ante la inminencia del invierno. 

Permanecer de pie y arder como un último gesto de resistencia.

Vaya este fragmento como muestra de un libro poliédrico e intenso. Tan intenso como la manera en que el serbal, con sus manos llenas de frutos rojos, se alza sin miedo al juicio de la escarcha. O como nosotros mismos, arrojados a la intemperie de la existencia con toda nuestra fragilidad a cuestas.


                                   

Teresa Garbí (fotografía de Emilio Ruiz Zavala)



EL BOSQUE DE SERBAL I



                                                                  







Teresa Garbí y Luna Sanfratello



Luna Sanfratello es traductora literaria y profesora de español del Instituto S. Anna de Palermo. Licenciada en Lenguas Modernas y Traducción, cuenta con varios títulos de posgrado, entre ellos, ha conseguido el máster en “Didáctica del Español como lingua extranjera “ por la Universidad de Roma. Es examinadora DELE y tutora de los cursos de español en línea Ave Global del Instituto Cervantes. 

Actualmente traduce libros del español al italiano de la escritora Teresa Garbí. En 2016 participa en un Simposio sobre Intercompresión románica en la Universidad de Valencia presentando un trabajo sobre las estrategias de traducción literarias analizando textos de Teresa Garbí. 

Ha publicado con las editorales: Peter Lang, Aracne y PUV Universitat de València.



Teresa Garbí nace en Zaragoza, en 1950. Estudia Filología Románica en esa ciudad. Simultanea sus estudios con el ingreso, como alumna libre, en la Escuela de Bellas Artes de San Jorge, en Barcelona. Es Doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Valencia. Ha trabajado en el Colegio Universitario de Huesca; en Institutos de enseñanza Media de Lérida y de Valencia; en la Escuela Superior de Arte Dramático de Valencia y en la Biblioteca Valenciana.

En 2013 funda Uno y Cero Ediciones, junto a Ángel y a Guillermo López García, Ana Miralles y Emilio Ruiz, Francisco Moreno Fernández y Sergio Gaspar. Entre sus obras de creación destacan: Grisalla, 1981; Espacios, 1983; Alas, 1987; Cinco, 1988 y 2015; La sombra y el pozo, 1993; El pájaro solitario anida tras el muro, 1997; El bosque de serbal, 2001 (traducido al italiano como Il bosco dei sorbi); Desde el silencio, nadie, 2007; Leonardo da Vinci: obstinado rigor, 2009; Sakkara, 2015.
Ha publicado un ensayo: Mujer y literatura, 1997 y varios libros para aprendizaje de español y lectura de enseñanza media (Una pequeña historia, 2000; La gata Leocadia y La gata Leocadia en la granja 2002; El regreso 2005) y dos ediciones de obras clásicas: El caballero de Olmedo, de Lope de Vega, 2004, y Romancero gitano, de García Lorca, 2011.
Realiza la versión literaria de Der Kaiser von Atlantis, de Viktor Ullmann y Peter Kien, ópera estrenada en el Palau de la Música de Valencia.



Fragmento de Sacrificio de Tarkovski + Welkes Blatt





Fragmento de la película "Sacrificio" de Andrei Tarkovski en conjunción con el tema musical "Welkes Blatt" del grupo musical Forseti, con el poema de Herman Hesse como letra.


Hoja marchita

Toda flor quiere ser fruto,
toda mañana crepúsculo.
No hay nada eterno en la Tierra,
salvo la transformación, la huida.
Hasta el verano más radiante
se marchitará un día y será otoño.
Quieta, hoja, ten paciencia
cuando venga a llevarte el viento.
Sigue jugando, no te defiendas.
Calma, deja que las cosas pasen,
deja que el viento, el que te quiebra,
sople y te lleve a casa.

Welkes Blatt

Jede Blüte will zur Frucht,
Jeder Morgen Abend werden,
Ewiges ist nicht auf Erden 
Als der Wandel, als die Flucht.
Auch der schönste Sommer will
Einmal Herbst und Welke spüren.
Halte, Blatt, geduldig still,
Wenn der Wind dich will entführen.
Spiel dein Spiel und wehr dich nicht,
Laß es still geschehen.
Laß vom Winde, der dich bricht,
Dich nach Hause wehen.

Hermann Hesse

Sacrificio (título original en suecoOffret [sacrificio, víctima, ofertorio, ofrenda]) es una coproducción anglo-franco-suecadirigida por el cineasta ruso Andréi Tarkovski.

Fue el séptimo y último largometraje de ese director; el estreno se realizó en el Festival de Cannes el 9 de mayo de 1986, apenas semanas después del desastre nuclear de Chernóbil y ocho meses antes de la muerte de A. Tarkovski quien la filmó mientras padecía un cáncer terminal y falleció el 29 de diciembre de ese año, la dedicó a su hijo Andréi usando la frase: «con esperanza y confianza».